inicio | quiénes somos textosvideoteca contacto




                                                                                                  



                    





               





SINANTENA: Apuntes sobre un papel continuo

Sinantena, de cara al público, es un proyecto de televisión libre que emite por Internet utilizando herramientas de software libre. Pero definirla así, resulta incompleto y plano ya que SinAntena es un proceso vivo más que un producto espectacular acabado. Este texto pretende adentrarse en las entrañas de este proyecto con el espíritu Grotowskiano que tenemos, es decir, desapuntalando las paredes del escenario para mostrar lo que hay entre bastidores. Este es un intento de Manifiesto sin tapujos. Un Manifiesto que muy al contrario de hacer su debut con traje de gala y maquillaje, sale a escena al desnudo. Por eso, eliminamos la primera, segunda, tercera, y cuarta pared para hablar de qué es SinAntena en términos globales, de lo que se dice tras las cámaras, de lo que deseamos, de para qué, de las incertidumbres, y de los procesos ricos y hermosos que se dan en los pasillos, los pinganillos, en la puesta en común, las barbacoas, y las butacas. Cuesta animarse a escribir un Manifiesto por el temor a paralizar el pensamiento en marcha, a plasmar las palabras sobre papel y congelarlas, a hacer de la noción una verdad, y del quehacer intuitivo un dogma. El quehacer televisivo de SinAntena es motivado por deseos colectivos, accidentalizado en el camino, y modificado con la reflexión.

En definitiva somos un proyecto sobre papel continuo, de múltiples caligrafías, tachones, e interrogantes. Pero sin bien no hemos creado ni acatado formulas estáticas, tampoco es preciso decir que no hemos dicho nada, que no hemos sido capaces de lanzar premisas, puntos de partida y trampolines varios. Este Manifiesto recoge las nociones en quedaron en mayúsculas, subrayadas, y repetidas sobre los metros de papel reciclado que venimos desenrollando juntos/as.

El origen


“La hormiga escribe
con puntos suspensivos
su errante historia”
                        R. Jiménez

Un grupo de personas acude a una cita para pensar en la apuesta por una televisión libre y colectiva en el barrio de Lavapiés. Decir que SinAntena, parte de cero, de una hoja en blanco, no es del todo cierto. Aunque se acude a la cita dejando colgados los  prejuicios y los a priori sobre la televisión convencional en el ropero de la entrada, era difícil que no se colara el concepto de televisión como caja emisora de mensajes. Resulta muy complicado o casi imposible inventar algo de la nada sin hacer referencia a lo que ya existe, como son en este caso, los modelos de comunicación de masas. Por eso en las primeras exploraciones surgía la antipatía al modelo televisivo dominante, contrastado con experimentos alternativos en el contexto europeo y con la puesta en común de nuestras propias experiencias.

Algunas personas, que venían de espacios de comunicación y video-creación alternativos como: Telepiés, Graba Lavapiés, y Área Ciega, hacía tiempo habían detectado la necesidad de contrapesar a esos medios dominantes con apuestas más horizontales. Con este propósito nos reunimos a fines de verano del 2005. Vimos que hablar de la televisión en su versión más convencional: como aparato de control de masas controlado por el poder con una estructura vertical donde la relación emisor-receptor es unidireccional, nos valía sólo como punto de partida.

Aunque la mera antipatía al modelo dominante no da demasiadas pistas de cómo podrían ser esas otras televisiones, sí evidenciaba que “queda pendiente abrir un tercer espacio: la conquista de la comunicación televisiva por parte de la sociedad civil”.

Teníamos un esquema establecido y arraigado en nuestras propias biografías del entretenimiento que habría que empezar a desdibujar, y no precisamente sacar la versión negativa como alternativa de lo que nos disgusta, sino ser capaces de hacer una auténtica deformación-nueva creación de ese monstruo con antenas. Queríamos tener el gusto, por más axiomático que parezca, de dar vida al lema “no odies los medios, haz los medios” (Don’t hate de media, become the media). Y por eso la creación de éste nuevo espacio, para dar paso a la búsqueda colectiva de otras formas de hacer televisión y de elaborar un discurso político. Resultaba limitado creer que hacer otra tele fuera cuestión de contenidos puesto que los cómos y para qués nos parecían inseparables al mensaje y al proyecto comunicativo en su totalidad.

Dimos paso, entonces, a un proceso creativo, que ha dado comeduras de cabeza y alegrías. Pero sobretodo, el regocijo que da adueñarnos de eso que tanto tiempo ha estado reservado para las élites. De repente, sin pedir permiso, invadimos un plató, ocupamos la infoesfera, desviamos los cañones para iluminar nuestras reivindicaciones, tomamos los micrófonos, desafiamos el modelo estandarizado de la estética televisiva descubriéndonos bellos/as tras y delante de las cámaras, alteramos los guiones y osadamente improvisamos. La sensación de conquista deja alegría en el cuerpo, y por eso, al final de cada programa nos aplaudimos.

 

Cómo va a funcionar

 Horizontalmente: se convertiría en la forma ineludible de funcionar,
de hacer, de pensar, y de relacionarse. Y por elegir esta forma de funcionamiento, la construcción del proyecto televisivo viene siendo un camino andado sin guías ni atajos. Hemos preferido hacer el recorrido entero, vivir la fascinación que produce el paisaje tecnológico, que de desconocido a veces resulta exótico. Nos hemos acompañado en los terrenos rocosos, y disfrutado de los senderos más frondosos. Venimos encontrándonos un año, en asambleas alrededor de una mesa, apuntando, clarificando, aportando. La palabra ha sido la herramienta de construcción democrática al alcance de todos. Sin embargo, veíamos que la manera verbal de explicitar dejaba fuera a los tímidos, a quienes prefieren meditar antes de lanzar una idea, quienes no tienen la urgencia de destapar sus opiniones. Así que manteniendo la herramienta-palabra, hemos hecho hincapié para que se use la lista de correo para enviar reflexiones por escrito. Cuando echamos de menos la pluralidad de voces, enseguida se desenrolla más papel continuo para recoger múltiples apuntes. Nos hemos inventado dinámicas, hemos coloreado, escrito sobre tarjetas, leído textos y comentado juntos.

Horizontal por tanto en la construcción, en el ejercicio imaginativo de qué queremos y para qué, horizontal sobre el plató dónde evitamos especializarnos y no quedarnos fijos en una función. Horizontales en el aprendizaje incluso cuando hay quienes saben más de tecnologías gracias a la reciprocidad que se crea cuando es una apuesta colectiva. Y finalmente, horizontal y multidireccional con los “espectadores”.

 

El espacio: Del plató al ciberespacio

Cuando hablamos de Sinantena como un espacio de comunicación,
no es el espacio televisivo al que nos referimos únicamente. Nos referimos a: E35, la sala de reuniones, el aula, el plató, la lista de correo, la página web, el kebab de calle Embajadores, las fiestas de ladinamo, las citas para visionar cine, las barbacoas en casas. Todos estos, son espacios de encuentro. Sin encuentro no hay red-cooperación, y sin esto no hay posibilidad de transformación social. Sinantena, gracias a estar situada en el local de Embajadores 35, un local que alberga iniciativas afines (Traficantes de Sueños, Access to Info, Ladinamo), permite nutrirse del cruce que se da entre personas del barrio con inquietudes y que participan en otros proyectos. Y nuestros encuentros, de cara a nuestras reuniones, dinámicas, y programas ha permitido una especie de “foro” abierto.

Estos espacios han posibilitado un intercambio de saberes, hemos emprendido talleres de cámara y edición, pero también hemos puesto un oído atento a conferencias organizadas por la editorial Traficantes de Sueños, hemos hecho programas tirando de cooperación e invitado a compañeros/as a contar experiencias políticas. La oportunidad de aprender e intercambiar con otros/as no se habría dado sin estos puntos de encuentro.


Hacer televisión emitida en tiempo real (vía streaming) y colgada en la web fue una necesidad. La privatización y la exclusividad prepotente de las hondas hertzianas nos empujó a lanzarnos a este espacio fascinante “El espacio radio-eléctrico es el último espacio público que tenemos sin privatizar y habría que sacar la tele, que sale de este espacio radio-eléctrico a espacios que están privatizados.” Veíamos que en el contexto Europeo y en el norte del planeta, Internet es una herramienta democratizadora de la recepción y emisión de información y creación. Fue una apuesta intuitiva que se ha topado con un universo vivo y rico que, saltando los obstáculos de los tiempos que corren: la fragmentación
y dispersión, consigue convocar y reunir sensibilidades, curiosidades, y cómplices. Nuestras propuestas lanzadas al ciberespacio permite abrirnos a más gente, a estar más expuestos y a crear una red y un espacio de debate.

Es así como gente ha contactado con nosotros, y nosotros hemos contactado con otras experiencias ubicadas en otras partes del estado y del planeta.

 

El tiempo

“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire (...) Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben,- te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca...”            Julio Cortazar

El fenómeno de la productividad acelerada de las cadenas de montaje
ha impregnado todos los circuitos productivos, y más aún al espacio televisivo. La televisión comercia con el tiempo-mercancía, y cada segundo tiene un valor bursátil al que se accede bajo los criterios de “quien paga más”. Hemos intentado escaparnos de los tentáculos del ritmo frenético que intensifica el tiempo de nuestras vidas y así reapropiarnos del orden del día. Desde que se comprende Sinantena como un laboratorio de experimentación decidimos darnos tiempo para ser meticulosos en la práctica, para poder disfrutar, fijarnos en los detalles, aprender provechosamente, y crear vínculos con las cuestiones que queremos tratar. No dependemos de la velocidad televisiva, nos damos tiempo para preparar nuestras emisiones, para seguir el ritmo que nosotros marcamos, sin someternos a la producción dominante  just in time. Hemos optado por “concebir el proyecto como un proceso, sin pensar tanto en el resultado sino como un lugar para compartir saberes”.


Al hacernos con este espacio somos nosotros quienes trazamos la curva de la coordenada tiempo sobre él. No sólo podemos dedicar el tiempo de emisión que queramos a ciertos temas, sino que de momento, no tenemos una programación con periodicidad establecida. Esto, después de emitir cinco programas que sirvieron para constatar que “sí se puede”, para provocar encuentro con gente afín, para poner en común preocupaciones y posibles soluciones, para debatir, y para aprender. Decidimos dar al botón “pausa”, cosa imperdonable y costosísima en las Televisiones con mayúscula, para cuestionarnos, y lanzar preguntas que nos señalarían nuevos caminos, áreas de descanso, y desvíos. Ya dijimos que Sinantena es un proceso vivo, eso que algunos llaman: caminar preguntando.

Nuevamente, volvíamos a los convencionalismos repelentes, en este caso a la función des-informadora del bombardeo periodístico de acontecimientos. Sinantena sentía, no sólo la responsabilidad ética, sino a necesidad subjetiva de no hacer programas de manera espectacular, sin tener un vínculo directo con lo que se está tratando, y sobre todo, que esos temas no pasen a empolvarse en el subconsciente denso y oscuro dónde se almacenan todos los excedentes de imagen e información a los que nos exponemos a diario. Queríamos lanzar temas que toparan conciencias, afectos, y cuerpos. Dimos paso, entonces a leer algunos textos, discutirlos, y sacar posibles pistas de cómo hacer una tele “poniendo el cuerpo”.

 

Acompañar procesos

“No existe ninguna posibilidad de utilizar la tecnología a favor de una sociedad distinta si no se pone el cuerpo en el territorio donde se libra la batalla por ese cambio”.

 ¿Qué queremos contar? Las respuestas han sido tan heterogéneas como el mismo grupo. Por un lado, la necesidad de contar en primera persona, desde realidades que a una le mueven, no era una prioridad consensuada. Intuíamos eso sí, que crear contenidos varios, podría despotenciarnos como proyecto comunicativo si hacíamos un repaso superficial de acontecimientos para no volver a mencionarlos. La forma televisiva del zapping es un relleno ruidoso que no informa y por tanto, una formula a descartar. La entrevista al grupo de comunicación, La Vaca, en Argentina, nos inspiró para comprender que “acompañar” procesos, permite enlazar redes, permite complejizar una cuestión, y acercarte para ser un interlocutor más.            

No obstante, hacer una elección de los procesos a acompañar ha resultado complicado porque Sinantena es un colectivo de muchas personas muy heterogéneas con distintos intereses y no necesariamente con deseos de colocar el cuerpo en conflictos singulares. Por un lado, algunos imaginábamos ir tejiendo lasos fuertes políticos y afectivos con “el conflicto” que acompañaríamos. Dejaríamos de ser reporteros para ser mediadores, potenciadores, y amplificadores de discursos y reivindicaciones. Nos seducía la idea de estar en un proceso que no nos dejara indiferentes. ¿Qué proceso? Pero hacer una elección desde fuera es contradictorio a la propia idea de acompañamiento. Primero debe existir un mínimo laso de afinidad para definitivamente poner el resto del cuerpo. “...vuelvo a lo mismo, a cuál es la motivación. Yo sigo buscando más profundo el por qué, y si eso está bien definido, no habrá dudas de qué temas queremos tocar. Definir los temas, no abarcar más de lo que podamos. El corazón son los contenidos.”

Era todo un desafío distinguir entre hacerse especialistas externos,
y realmente dedicarse de manera comprometida a seguir desde dentro un proceso vivo. “Encontrar hilos que podamos seguir es interesante, pero tenemos que elegir bien los temas, una cercanía, porque la verdad es que <<La valla >> está lejos, incluso para la gente de la caravana...un buen hilo para seguir, habría que darle continuidad porque hicimos el programa con urgencia y habría que dar seguimiento.” Pensar la televisión como una herramienta y no como un fin nos abría posibilidades de tejer lazos, de estar, tomar y devolver. Pero el desafío de muchos proyectos es cómo dar consistencia y constancia a las cosas. Sin bien los compromisos de tan efímeros dejan de ser compromisos, la constancia a base de sacrificio tampoco es una solución. Se lanzaron unas preguntas, que de contestarlas con sinceridad nos abriría sendas al quehacer riguroso y comprometido, “¿Cómo conseguimos que (estos procesos) no sean externos, y nos aporten? ¿Cómo se hace que esas relaciones que potencian, que da voz a otros, te interesen, te apasionen?”  Estas son algunas preguntas ineludibles que deberíamos mantener en mente quienes queremos usar la herramienta tele para acompañar procesos.

Por otro lado, algunos compañeros querían hacer uso de un espacio visual para depositar ahí sus inquietudes y creaciones en formas de programas temáticos. Rescataban la diversión, el entretenimiento, la creatividad, y la alegría de contradecir como objetivos deseables. “Yo no lo veo tan mal, hacer las cosas por oposición. Yo creo que la mayoría que estamos aquí estamos porque los medios convencionales no hacen lo que deben de hacer.” La necesidad de usar los medios para desmentir, satirizar y poner en evidencia a la corriente dominante no tenía porqué ser contradictoria al uso del medio como la herramienta que acompaña, interpela, y construye.  Hacer televisión concebida como aparato de entretenimiento era una propuesta que también se lanzaba. “No es sólo por oposición, una vez que manejemos contenidos interesantes también me parece importante la búsqueda de otros códigos y otro lenguaje, una tele creativa, divertida.” Lo que en principio parecía que tensaba expectativas se ha ido destensando a través de la apertura en cuanto a la definición de lo que es Sinantena.

En el esfuerzo por respetar y dar cabida a diferentes nociones y deseos, volvemos al punto de partida: Sinantena como un laboratorio de experimentación. Por eso, no podemos decir que Sinantena, acompaña o desea acompañar procesos, sino que algunos sinanteneses quieren poner el cuerpo- o ya lo tienen puesto- en procesos singulares: movilizaciones por vivienda, inmigración, precariedad, centros sociales, etc. Un compañero apuntaba, “pienso que si buscamos hacer un medio diferente formas y contenidos, quizá haya que huir de la uniformidad y el constreñimiento, entre otras cosas...también concebir sin-antena como un laboratorio, un lugar de encuentro, un espacio creativo.” Es así, con el ánimo de mantener el proyecto abierto a múltiples iniciativas, y comprendiendo que Sinantena es una televisión polifónica, como surge la idea de crear grupos-comisiones que podrían trabajar a ritmos diferentes de manera paralela. Grupos, que ya han empezado a tomar otras formas y de-formas. Es lo que pasa cuando se va haciendo en el camino.

 

¿es ésto un Manifiesto?

Estas reflexiones son realmente el aspecto transversal de Sinantena.
El pensar, qué, por qué, cómo, y para qué. Se viene haciendo manifiesto desde que se concibe la idea. Se viene poniendo en común, imaginando, reconduciendo. Se viene desenrollando papel continuo, y éstos son algunos apuntes. El recoger opiniones, recopilar apuntes, y esbozarlo en un texto es una obra de corta y pega y de atención meticulosa, pero el pensar-hacer es algo de todos. Este manifiesto es “nuestro manifiesto” que contiene bagaje de experiencia y pretende seguir creciendo. La experiencia sin la reflexión, no puede consolidarse en aprendizaje.

Madrid, septiembre 2006